El autismo es un trastorno del desarrollo infantil que se manifiesta en los primeros años de vida. Los Trastornos del Espectro Autista, o TEA, se caracterizan por ciertas dificultades a la hora de adquirir algunas habilidades que otros niños desarrollan de manera natural.

La sintomatología que presentan las personas con autismo es muy heterogénea y no debemos olvidar que no todos los niños presentan todos los síntomas descritos, por lo que la ausencia de alguno de ellos no es excluyente del diagnóstico de Trastornos del Espectro Autista (así como la presencia de síntomas aislados no lo justifica).

SÍNTOMAS FUNDAMENTALES

Alteraciones cualitativas en la interacción social: Podemos observar dificultades para ajustar su comportamiento a las convenciones sociales, falta de imitación de los adultos, poco interés en otros niños de su edad, ausencia de juego de ficción.

Alteraciones de la comunicación: Podemos encontrar un retraso en la adquisición del lenguaje o en otras ocasiones un desarrollo inicial de éste, que posteriormente se pierde. Entre las principales dificultades comunicativas, destacamos un escaso uso del lenguaje, una falta de respuesta a su nombre, así como una deficiente comunicación no verbal (por ejemplo, no señalar para pedir o enseñar algo que al niño le interesa).

Patrones restringidos de comportamiento e intereses: en ocasiones existe un interés especial en un tipo de objetos, juegos, imágenes… concretos. El juego de los menores con autismo puede ser repetitivo, dedicando por ejemplo gran cantidad de tiempo a alinear objetos, hacerlos girar, encender y apagar luces…





SEÑALES DE ALARMA

  • El niño establece poco contacto ocular, no mira cuando el adulto le llama o para comunicarse con él.
  • No está interesado en otros niños.
  • Consigue las cosas por sí mismo/a, no pide al adulto aquello que quiere.
  • Es muy independiente.
  • No responde a su nombre, en ocasiones parece sordo.
  • No señala ni dice adiós con la mano a los 12 meses.
  • Retraso del lenguaje.
  • No sabe cómo jugar con sus juguetes, le gusta dedicar largos periodos de tiempo a colocarlos en fila, girarlos… se queda “enganchado” con los objetos una y otra vez.
  • Es hipersensible con ciertas texturas o sonidos.
  • Realiza con frecuencia movimientos raros (por ejemplo movimientos repetitivos con las manos o con los brazos).
  • Tiene rabietas.
  • No intercambia sonidos, sonrisas o expresiones faciales desde los 9 meses.
  • No balbucea a los 12 meses.
  • Ausencia de juego de ficción (por ejemplo, no simula hablar por teléfono o cuidar a un muñeco).
  • Una pérdida en lenguaje o habilidad social que ya se había adquirido.





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