Blog de psicología

21

Sep, 2013

Aversión al sexo

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Las disfunciones sexuales abarcan diferentes formas de incapacidad para participar en una relación sexual deseada. Según los casos, se trata de una falta de interés, una imposibilidad de sentir placer, un fracaso en la respuesta fisiológica necesaria para una interacción sexual (por ejemplo, erección) o una incapacidad para controlar o sentir el orgasmo, como ha señalado Cañones Garzón.

Aversión al sexo

En ocasiones constituyen manifestaciones de enfermedades somáticas diversas, como hipertensión arterial o diabetes mellitus. Otras veces están relacionados con problemas psicológicos o psiquiátricos: es el caso del alcoholismo, cuadros depresivos o ansiosos y raramente brotes esquizofrénicos. También es frecuente que sean reflejo de dificultades de relación interpersonal o de un intenso estado de estrés.

Algunos aspectos psíquicos que deben ser valorados de forma metódica en toda disfunción sexual son:

Ansiedad de actuación: se refiere a la ansiedad asociada al miedo al fracaso durante la actividad sexual o a la ansiedad de no ser capaz de llevar a cabo el coito de acuerdo con las expectativas de la pareja.

Ignorancia y errores sexuales: incluyen expectativas poco realistas sobre sí mismos, sus parejas o el cumplimiento del papel sexual supuestamente asignado, junto a desconocimiento de la anatomía sexual y de alternativas satisfactorias al acto sexual.

Dificultades en las relaciones: especialmente problemas de comunicación de la pareja ante la existencia de elementos perturbadores de la relación (dificultades laborales, deudas contraídas…).

Baja autoestima: da lugar a una disfunción sexual si se asocia a la presencia de una pareja poco complaciente, que ignora sus motivaciones en la relación sexual.

Actitudes negativas en relación con la actividad sexual: la excesiva rigidez en los puntos de vista acerca de la misma puede crear profundos bloqueos; las creencias religiosas o la educación recibida influyen con frecuencia de forma decisiva en los patrones de expresión de la actividad sexual y deben ser examinados atentamente.

Circunstancias adversas: existen factores ambientales que contribuyen a mantener las dificultades sexuales, tales como condiciones domésticas opresivas, ambiente excesivamente concurrido que dificulta la intimidad o incapacidad para poner los medios que tiendan a conseguirla, niños pequeños que no duermen, presiones financieras o laborales…

Según Becker y Kavoussi, el trastorno por aversión al sexo se caracteriza por una aversión extrema persistente o recurrente y una evitación de todo (o casi todo) contacto sexual con una pareja. La alteración causa malestar o dificultades interpersonales marcadas. Es importante diferenciar este trastorno del deseo sexual hipoactivo (Ponticas, 1992).

El principal objetivo del tratamiento es reducir el miedo del paciente y la evitación sexual. Esto se puede conseguir mediante la desensibilización sistemática en la que el paciente se expone gradualmente, primero imaginariamente y después en vivo, a las situaciones sexuales que generan ansiedad. Kaplan at al. (1982) han descrito la eficacia de los fármacos tricíclicos y de la terapia sexual en el tratamiento de las fobias sexuales.

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