Blog de psicología

21

May, 2013

La ira en el trabajo

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Hay diferentes situaciones laborales que nos crean frustración: jefes excesivamente exigentes, compañeros envidiosos, clientes insatisfechos, plazos inflexibles… Pero enfadarnos a causa de las frustraciones puede frustrarnos aún más.

La ira en el trabajo

La ira puede perjudicar las relaciones laborales seriamente hasta el punto de bloquearnos e impedir que consigamos nuestros objetivos laborales y también puede limitar nuestra capacidad para hacer un trabajo de calidad.

Tener unas relaciones de cordialidad en el trabajo es muy importante para tener éxito en el mismo tanto como nuestra capacidad para realizar bien el trabajo.

Si mostramos frecuentes reacciones coléricas y estallamos en el trabajo tanto nuestros jefes como nuestros compañeros se pueden sentir molestos.

Según un estudio del Centro de Liderazgo Creativo de Carolina del Norte, la incapacidad para controlar la ira entre los ejecutivos es una de las principales causas para no ascender laboralmente y de despidos. A menudo necesitamos la ayuda y el apoyo de colegas y superiores para poder promocionar en el trabajo y también para conservar nuestro puesto de trabajo.

Definición de ira

La ira hace que desviemos nuestra atención y nuestra energía del trabajo, tanto obsesionándonos con situaciones “injustas” o teniendo ideas de vengarnos de un compañero o de un jefe y esto nos lleva a veces a negarnos a cumplir órdenes sensatas, a dejar de hacer cosas importantes o a hacer un esfuerzo descomunal por destruir el trabajo de otros.

La ira nos conduce a la agresividad, además puede predisponer a problemas cardiacos (los aumentos repentinos de presión arterial que acompañan a la ira incrementan la fuerza con la que fluye la sangre por nuestras arterias y puede debilitar el endotelio de las mismas y a largo plazo se pueden acumular ácidos grasos y obstruirse las arterias dando lugar a arterioesclerosis. Si esto se produce en las arterias coronarias del corazón puede dar lugar a isquemia de miocardio).

Además la ira genera problemas personales como sentimientos de culpa e inseguridad y sentirnos bajos de ánimo y a aislarnos de los demás.

Una alternativa mucho mejor es controlar nuestra ira y hacer lo posible por mejorar nuestra situación y si esto no funciona buscar otro entorno laboral óptimo. Podemos desarrollar multitud de habilidades para resolver conflictos. El psicólogo puede desarrollar planes de tratamiento específicos para sobreponerse a los sentimientos de ira frecuentes.

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